El noveno signo de los días es atl, el agua; representa todo lo que se adapta o moldea a las circunstancias, así como el agua que adopta la forma del recipiente que la contiene.
El agua es el elemento de la fertilidad que al actuar en forma dual con el calor que viene de lo alto, el fuego precioso, produce la vida en todas sus formas en la tierra.
Para los antiguos mexicanos, el signo atl es sagrado, porque es el elemento primordial para la vida, ya que todos los seres vivos en la mayor proporción de nuestra constitución orgánica somos agua.
Para los seres humanos, atl es el líquido vital que sacia su sed, purifica y lava su cuerpo, limpia y rejuvenece y le sirve de camino para trasladarse en sus embarcaciones. Los mares, ríos, lagos y lagunas son los espejos del agua, son las joyas preciosas con que se engalana la falda de tonantzin, nuestra madre tierra.
En los códices se representa como una greca ondulada por el viento. Si la greca es roja representa la sangre, que es el agua preciosa de la vida que anima nuestro ser.
Cuando el agua se junta con el fuego, se convierte en el atlachinolli, símbolo de la fuerza del guerrero de la vida, que emprende la lucha, su trabajo diario, sin importar los obstáculos a vencer.
|