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GOZO Y TRISTEZA
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PARAPSICOLOGIA: EN BUSQUEDA DE LA VERDAD
Conforme el hombre adquiere conocimiento de sí y de su entorno se entrega afanosamente a la búsqueda de la verdad.
¿Cuándo se tiene un conocimiento de sí y del entorno?, para que el hombre pueda despejar la incógnita ha de tener un presupuesto previo: Libertad.

En un estado de libertad, el hombre puede realizarse; sin ella, los mecanismos humanos, se atrofian, e incluso, retroceden en su camino de perfección propia.

Y lo cierto es que la historia humana se puede también contemplar, como la historia de la lucha por la libertad. Por ello, en los tiempos más primarios cuando la esclavitud era un hecho establecido, difícilmente podía realizarse el individuo. Por supuesto había reductos, entre los hombres libres, pero ello no deja de ser la excepción que confirma la regla. La realidad era que, en aquellos tiempos, el esclavo no podía realizarse, toda vez que encontraba unas barreras infranqueables en su camino, pero el resto tampoco podía realizarse porque se enfrentaban con el sistema preestablecido. ¿Qué deducimos de todo esto?. Sencillamente, que para conseguir ese encuentro con uno mismo, y con su entorno, no basta con que la persona sea libre, sino que la sociedad tiene también que ser libre, es decir, el problema es un fenómeno de carácter social, general. No puede realizarse un hombre que tiene a otro por esclavo, porque ello repugna el más elemental principio. De tal forma, la consecución y alcance de la verdad necesita un medio social donde el ser, considerado en su conjunto, respire un clima adecuado.

Y la historia, como decíamos, nos muestra que el hombre considerado como fenómeno sociológico ha conseguido su libertad muy recientemente, e incluso, hay pueblos que todavía no lo han conseguido.

Nuestro racionamiento no está influenciado por una idea latente de carácter político, sino que pura y simplemente se apoya en concepciones filosóficas.

Algunas religiones han operado como caminos de ayuda al individuo en búsqueda de la verdad. Pero el hecho cierto es que el aún practicando esas religiones, no ha llegado a conseguir un verdadero encuentro consigo mismo. Muchos creían haberlo conseguido por seguir fielmente los senderos marcados por la doctrina que practican, pero podemos dudar que lo conseguían, porque la máquina religiosa, no deberá de ser un mecanismo más que operaba prometiendo a cambio de algo la posibilidad de salvarse. Pero, cuando el hombre se pregunta si la salvación (lo que sería su encuentro con la verdad) se puede comprar, adquirir, alcanzarse de una forma fría, calculada, automatizada en su interior, su conciencia le dice que no. Y llega al escepticismo, la desilusión incluso la desconfianza en las instituciones que comercian con el temor a la muerte, al más allá.

Damos tanta importancia a la importancia, porque solo el ser libre puede realizarse, encontrando su verdad. El hombre libre puede exponer lo que piensa, comunicarse con los demás, trasmitiendo y recibiendo información. Esto constituiría el más elemental logro. Pero, lo cierto es, que el acceso a la información proporcione unos conocimientos que le serán muy útiles para forjar su camino en la búsqueda de la verdad. !!Cuantos ¡libros han sido prohibidos!, y ¡Cuantas prohibiciones carecieron de fundamento!. Y! Cuando se prohibía algo la justificación era una ofensa, el pueblo no estaba preparado para leer esas cosas. De ese modo se formaba un círculo vicioso: como el pueblo no tiene preparación, no se le permite el acceso a ciertas lecturas y como no conoce esas lecturas, el hombre no termina de formarse. Este círculo había que cortarlo por algún sitio. Se hacía necesario que el individuo tuviera acceso a una serie de opiniones diversas que, ampliando su campo de visión, le permitieran disponer de mejores elementos que su ignorancia, salvándolo de su subjetividad.

Cuándo en un determinado país, en un momento determinado de su historia se produce inevitablemente una primera exclamación ¡Cuánto tiempo perdido!. Si, era tiempo perdido porque el desconocimiento, la ignorancia, cierran caminos, entre los cuales cabe la posibilidad de elección.

Y cuando ese hombre defraudado comienza a recuperar lo perdido, inicia su despegue a la búsqueda de su verdad interior.

Y busca su verdad interior para poder elegir, para tener abiertas una serie de posibilidades, de caminos. Y fundamentalmente busca la verdad, porque en ella encuentra la razón de su presencia en este mundo y su destino en el más allá.
 
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